Las claves para proteger tu piel en verano y qué hacer si, aunque no debas, te has quemado

Las claves para proteger tu piel en verano y qué hacer si, aunque no debas, te has quemado

La piel es el órgano más grande del cuerpo. Se estima que en un adulto medio su extensión abarca unos 2 metros cuadrados y su peso oscila alrededor de los 5 kilos. Su relación con otras partes de nuestro organismo, como el Aparato Digestivo o el Sistema Neurológico, hacen que el cuidado y protección de la piel tengan un impacto positivo en la prevención de problemas de otro tipo.

Aunque debemos cuidarla durante todo el año, lo cierto es que en verano este órgano está más expuesto que nunca y debemos prestarle, si cabe, mayor atención. Araceli Santos, profesora de la Escuela Internacional de Ciencias de la Salud y presidenta de la Asociación Madrileña de Enfermería Dermoestética (Amede), nos da las claves para hacerlo.

“El papel de la enfermera en el cuidado y prevención de problemas de la piel es fundamental”, defiende Araceli Santos, sobre todo cuando se habla de “información y formación de los ciudadanos acerca de qué es la piel, cómo funciona y cómo debemos cuidarla”.

Según esta experta, existe un gran desconocimiento al respecto, por ejemplo, en temas tan importantes como la exposición al sol y a agentes agresivos que se encuentran en jabones que utilizamos para la piel y detergentes que empleamos para lavar la ropa.

En el caso de estos últimos, subraya como “el abuso de sustancias detergentes hacen que el manto ácido que protege y aísla nuestra piel se vaya erosionando y haciendo más fino, haciendo que nuestra piel se vea mucho más expuesta”.

 

Cuidados específicos del verano

Aunque se hace extensivo a todo el año, el primer paso para cuidar y proteger nuestra piel, subraya la presidenta de Amede, es la hidratación. La piel seca, explica, se asemeja al cartón, seco y fácil de cuartear. Por el contrario, “una piel hidratada es una piel que ya estamos empezando a proteger”.

La segunda recomendación es la protección frente al sol y la intemperie, de ahí que si bien se insiste en verano sea una medida que debemos tener presente en cualquier estación.

Aquí, Araceli Santos hace especial hincapié en el uso de fotoprotectores. ¿Cuál elegir? A esto, la experta responde que lo importante es el hecho de protegerse porque hoy en día prácticamente todos los que encontramos en el mercado son de buena calidad y su precio ya no es una excusa para no utilizarlos.

La amplia variedad de presentaciones que encontramos en el mercado de la fotoprotección facilita el que cada persona pueda elegir aquel que más le guste en cuanto a textura, aroma, tamaño… Lo importante es que se aplique y se tenga en cuenta algo muy básico que mucha gente aún desconoce: el índice de protección solar equivale al tiempo, en minutos, que nos protege ese producto y al cabo del cual, por tanto, hay que volver a aplicarlo.

De esta forma, un solar con un factor de protección 50 tendrá que aplicarse cada 50 minutos y uno cuyo factor sea de 20 tendrá que hacerlo cada 20 minutos, algo que, desgraciadamente, no se hace y el motivo, insiste Araceli Santos, es el desconocimiento.

En verano, además, hay que evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, esto es entre las 12 del mediodía y las 5 de la tarde. “En esta época, los rayos solares inciden más directamente sobre nosotros, sobre todo en las horas centrales del día”.

No es los mismo que algo nos dé de refilón a que nos dé de lleno. En julio, agosto y septiembre es cuando menos expuestos debemos estar a esas radiaciones solares tan directas y protegernos aún más”, explica la presidenta de Amede.

 

Fotoprotección pediátrica

¿Podemos emplear los fotoprotectores de adultos en los niños?

La respuesta es sí. Aunque los fotoprotectores pediátricos pasan más controles y están más regulados, lo cierto es que, en la actualidad, los fotoprotectores a nuestro alcance son de buena calidad. Lo ideal es emplear el pediátrico en los niños, pues ha sido concebido específicamente para esta etapa de la vida y, en caso de compartir, mejor utilizar toda la familia el pediátrico que viceversa.

Eso sí, si nos hemos olvidado el del niño y solo tenemos el de adulto, no pasa nada por aplicárselo. “Lo importante es protegerse. No hay tanta diferencia entre unos y otros”, afirma Araceli Santos.

 

Nutricosmética

La nutricosmética también puede desempeñar un papel importante en el cuidado de nuestra piel. “La clave es seguir una dieta equilibrada”, apunta Araceli Santos. Sin embargo, añade, “estamos en el primer mundo y, afortunadamente, no hay grandes carencias de ningún alimento, pero es cierto que sí encontramos déficits de algunos nutrientes, de pequeños elementos como silicio y vitamina D. Es curioso, pero estamos empezando a detectar casos de déficit de vitamina D, algo de lo que no teníamos precedente en España. Esto está relacionado con una protección solar rigurosa y lleva a que estas personas tengan problemas de fijación del calcio”.

En este sentido, añade, “la nutricosmética es importante porque bien por no tomar el sol bien por seguir dietas muy estrictas, restringir en exceso el consumo de grasas… puede haber pequeñas carencias” que se pueden compensar con suplementación. De hecho, en esta línea, recomienda hacer ciclos de suplementación de un mes o mes y medio a lo largo del año, por ejemplo, de Omega 3, de Omega 5 e incluso de probióticos, en primavera y en otoño o tras haber estado enfermo o tomado antibióticos.

Más allá de esto, algunos alimentos han demostrado beneficios para nuestra piel como el tomate, conocido, cuenta Araceli Santos, como “el gran escudo ante los cánceres de piel”. Sin embargo, matiza, no quiere decir que por comer tomates no vayamos a padecerlo sino que ayuda a prevenirlo. También los frutos rojos y la granada aportan Omega 5, muy beneficioso para la piel y, por tanto, se recomienda incluirlos en nuestra dieta a diario. Estos ayudan a “mantener una piel protegida, joven, elástica y con un aspecto saludable”.

 

Nos hemos quemado

Partimos de la idea de que hay que prevenir. Quemarse la piel es lo último, pero desgraciadamente, tras un día largo en la playa o la montaña, esto, a veces, sucede.

¿Qué hacer entonces? Araceli Santos recomienda, en primer lugar, refrescar. Si la quemadura es muy leve, puede servir una ducha fría, pero si es más profunda, el agua se escurre y enfría solo la epidermis. En estos casos, recomienda aplicar apósitos de agua helada durante el tiempo necesario para enfriar la piel desde fuera hacia sus capas más profundas.

A continuación, hay que hidratarla bien. Una vez más, en el caso de quemaduras importantes hay que emplear cremas que sean muy grasas y contengan algo de antibiótico “para evitar que gérmenes oportunistas colonicen la piel agredida”.